Trump vs JP Morgan y el futuro del dinero
El viejo orden monetario, el que hemos conocido en las últimas décadas con la Fed en el centro y la gran banca (JP Morgan a la cabeza) como su brazo operativo, empieza a mostrar grietas.
• publicEl viejo orden monetario, el que hemos conocido en las últimas décadas con la Fed en el centro y la gran banca (JP Morgan a la cabeza) como su brazo operativo, empieza a mostrar grietas.
Se perfila una colisión entre dos modelos:
- El Régimen Heredado (Fed + Gran Banca): Un sistema centrado en la Reserva Federal y la banca comercial, con JP Morgan como nodo central en la creación de crédito, distribución de dólares y pagos internacionales.
- El Bloque Emergente (Tesoro + Activos Digitales): Un modelo potencial que orbita alrededor del Tesoro de EE.UU., dólares tokenizados y una infraestructura digital donde Bitcoin emerge como colateral estratégico a largo plazo.
El viejo orden: Fed + banca como núcleo del sistema dólar
Durante décadas, la Reserva Federal ha ejercido el control predominante sobre la política monetaria.
Y la banca comercial sistémica ha actuado como intermediaria fundamental en la creación de crédito, la distribución de dólares y la arquitectura de pagos global.
En ese grupo, JPMorgan no es simplemente un banco de mayor tamaño; es, de facto, el nodo dominante. Desempeña un papel clave en el settlement global en USD, mantiene una conexión directa con la Reserva Federal y ejerce una influencia regulatoria y política indiscutible. JPM actúa casi como el brazo operativo del régimen monetario heredado.
Desde esta perspectiva, la conclusión resulta lógica: cualquier transición hacia un sistema donde el dólar circule a través de canales digitales más directos, o donde el Tesoro pueda emitir "dólares tokenizados" eludiendo en mayor medida el balance bancario, representa un ataque directo al modelo de negocio y a la posición de poder de estas instituciones.
El posible nuevo orden: Tesoro, stablecoins y dinero programable
Por otro lado, surge una realidad que hace pocos años sonaba a ciencia ficción: las stablecoins, los tokens de dólar y las nuevas infraestructuras de pago se superponen progresivamente al sistema tradicional.
El escenario que se dibuja es claro:
· El Tesoro gana peso como emisor y ancla del sistema, integrándose con stablecoins respaldadas directamente por deuda soberana.
· Los raíles de pago se vuelven programables: liquidación instantánea, reglas embebidas, fiscalidad automatizada y trazabilidad total.
· Y en el extremo largo del balance aparece Bitcoin, como colateral escaso, sin riesgo de contraparte, complementando al oro y a la deuda pública como reserva estratégica.
Si este modelo se consolida, el centro de gravedad se desplazará. Esto implica una reducción del poder relativo de la banca comercial en la creación de dinero y un aumento del poder del Estado (Tesoro y reguladores) sobre las condiciones de uso del dólar digital.
Los bancos comprenden el mensaje a la perfección. Si este cambio se acelera, defenderán su posición utilizando tácticas de mercado, presión regulatoria y lobby político, y no solo comunicados de prensa. No se trata de una conspiración, sino de autoprotección.
Bitcoin: uno de los campos de juego
En este contexto, Bitcoin se convierte en el escenario clave donde se libra una parte fundamental de la batalla.
Por un lado, un Estado que vislumbre un futuro con un dólar digital respaldado parcialmente por Bitcoin tendría incentivos para acumular BTC de manera discreta, dispersa y silenciosa.
Un anuncio prematuro provocaría un aumento del precio y dificultaría la acumulación estratégica.
Por otro lado, quienes manejan el sistema actual tienen mucha experiencia con el oro, usando trucos como derivados y ataques de liquidez para controlar su precio y la opinión pública. Es lógico suponer que están aplicando este mismo manual a Bitcoin. Su objetivo no sería "eliminarlo" (algo probablemente ya imposible), sino atenuar su impacto, contener la euforia y retrasar su plena legitimación.
Parte de la volatilidad extrema que vemos últimamente podría no ser solo "psicología retail", sino intervención táctica de agentes con balances masivos y experiencia en mercados de derivados.
En cualquier caso, para nosotros la pregunta central trasciende la ingeniería de mercado: ¿Se consolida Bitcoin como activo real escaso, sin riesgo de contraparte y con integración creciente en la arquitectura financiera?
Si la respuesta es sí, el ruido táctico de corto plazo es solo eso. Ruido.
MicroStrategy: cuando una empresa se convierte en puente
Aquí entra un actor recurrente en nuestros análisis: MicroStrategy (MSTR). MSTR no es solo "una empresa con mucho Bitcoin".
Por diseño, se ha convertido en una máquina de conversión.
Emite deuda y equity en el sistema viejo (dólares, crédito) y, con esos recursos, acumula Bitcoin en su balance de forma sistemática. Al hacerlo, ofrece una vía de exposición a BTC a inversores que no pueden o no quieren lidiar con la operativa spot.
En la práctica, MSTR es un puente muy visible entre el mundo fiat tradicional y el emergente mundo de activos digitales escasos. Y su rol cambia según quién lo mire:
· Para una visión "pro-Tesoro + Bitcoin", MSTR es una pieza útil que canaliza capital hacia el activo escaso sin que el Estado tenga que mojarse oficialmente todavía.
· Para la visión "pro-Fed + gran banca", es un drenaje de capital desde el sistema bancario hacia un activo que no controlan, desintermediando productos financieros tradicionales.
Es lógico que, en un entorno de cambio de régimen, los puentes más visibles sean también los más atacados por la pura fricción del sistema.
El factor tiempo
Para que un giro real en la arquitectura monetaria se materialice, la tecnología (stablecoins, Bitcoin) no basta. Hace falta alineación institucional: mayorías en los órganos de gobernanza, sintonía entre Tesoro, Fed y poder político, y una ventana temporal para aprobar cambios.
Los próximos años podrían ser esa ventana.
Desde un punto de vista inversor, lo importante no es predecir cada paso de la Fed, sino comprender el cambio estructural en los incentivos. El modelo de tipos 0% y liquidez ilimitada está dando paso a sistemas donde el Estado ejerce mayor control sobre el dinero digital, idealmente respaldado por activos reales para generar confianza.
El futuro del dinero, su forma, emisión, circulación y respaldo, será el campo de batalla fundamental en las próximas décadas.