Healthcare: Un sector Inevitable

Queda bastante claro que el sector Healthcare tiene vientos de cola evidentes: envejecimiento, presión de gasto, cronicidad, necesidad de eficiencia y, ahora, una ola de IA que empuja a medir y analizar mucho más de lo que medíamos antes.

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Healthcare: Un sector Inevitable

En las próximas décadas vamos a vivir una combinación de factores que supondrán claros vientos de cola para este sector: poblaciones que envejecen, más años vividos con enfermedades crónicas, presión política para mantener el acceso sanitario y sistemas públicos/privados obligados a gastar más solo para mantener el nivel de bienestar actual.

Especialmente en Europa, Japón y buena parte de Asia, el peso de mayores de 65 años se va a disparar.

Todos los estudios apuntan a que el gasto sanitario como % del PIB seguirá subiendo salvo reforma muy agresiva (muy poco probable).

A eso hay que sumarle otros dos aspectos:

  1. Una regulación cada vez más estricta que implica barreras de entrada fuertes para para nuevos competidores.
  2. Una ola de IA aplicada al sector que va a disparar los volúmenes de diagnósticos, datos, pruebas y ensayos.

Con este telón de fondo, tenemos dos opciones: intentar adivinar qué farmacéutica ganará la próxima batalla de turno… o irnos un paso más atrás en la cadena de valor: a los que venden los “picos y palas” del sistema. Instrumentación, reactivos, diagnósticos, servicios de laboratorio, bioprocesado, soporte a ensayos clínicos…

Ahí es donde entran Danaher y ThermoFisher.

Danaher: el “sistema operativo” silencioso de la biotecnología y el diagnóstico

Danaher es una pieza de infraestructura crítica en la cadena que va desde la investigación básica hasta el vial que llega al paciente.

Sus equipos, consumibles y servicios se insertan en los pasos más sensibles del proceso: cultivar células, purificar proteínas, filtrar impurezas, medir biomarcadores, validar que un test funciona siempre igual. Si esos eslabones fallan, no hay fármaco ni diagnóstico que valga.

En bioprocesado, por ejemplo, a través de Cytiva, Pall y otras marcas líder, Danaher es uno de los proveedores clave de filtros, columnas, biorreactores y sistemas que se necesitan sí o sí para fabricar anticuerpos monoclonales, terapias biológicas y, cada vez más, terapias avanzadas.

El “cómo” se fabrica un biológico está, de facto, codificado alrededor de un puñado de proveedores clave, y Danaher es uno de ellos.

Cambiar de proveedor significa volver a demostrar a la FDA o a la EMA que el producto sigue siendo el mismo: nuevos estudios de comparabilidad, nueva documentación, riesgo de retrasos en inspecciones y aprobaciones. No es sólo un problema de precio; es un problema de riesgo regulatorio y de tiempo de salida al mercado. Cambiar cuesta mucho dinero, mucho tiempo y mucho riesgo regulatorio.

A eso se le suma el riesgo operativo. La calidad y el rendimiento de un lote de anticuerpos o de una terapia avanzada dependen de que el sistema de bioprocesado sea estable, repetible y esté bien soportado. Danaher ofrece know-how, protocolos, soporte de procesos, data y servicio técnico que el cliente integra en su forma de trabajar. Con los años, esa combinación de producto + proceso + soporte se convierte en parte del “tejido conectivo” de la planta. Sustituirlo implicaría reentrenar equipos, reescribir SOPs, recalibrar sistemas y asumir que durante un tiempo tu curva de aprendizaje vuelve hacia atrás.

En diagnóstico pasa algo parecido. Plataformas como Cepheid dejan una base instalada de instrumentos en hospitales y laboratorios que se alimenta con cartuchos y reactivos durante años. Esos equipos están integrados en los flujos de trabajo clínicos, en los sistemas de información del laboratorio, en los protocolos de calidad. Cambiar de proveedor no es sólo cambiar de máquina: es revalidar tests, reentrenar personal, adaptar sistemas de IT y asumir el riesgo de errores en una actividad donde los fallos tienen consecuencias clínicas y legales.

Danaher Business System

Y por encima de todo esto está el famoso Danaher Business System (DBS): una cultura y un marco operativo de mejora continua que han convertido a la compañía en una máquina de integrar adquisiciones y exprimir sinergias. DBS es la razón por la que llevan años comprando activos buenos, integrándolos y elevando márgenes de forma muy consistente.

Si asumimos que el mundo va a necesitar más biológicos, más terapias avanzadas y un diagnóstico cada vez más fino (y todo indica que vamos en esa dirección), Danaher es claramente la infraestructura industrial que hace posible que esos productos existan: el proveedor de la maquinaria, los consumibles y el know-how que permiten transformar ciencia en capacidad productiva a escala.

En la cadena de valor, opera un paso antes del blockbuster, pero es precisamente en ese eslabón donde ha construido su fortaleza y donde resulta extremadamente difícil desplazarlo.

Thermo Fisher: el gigante que está en casi todos los laboratorios

Thermo Fisher juega una liga similar, pero aún más diversificada. Su misión oficial es “permitir a sus clientes hacer el mundo más saludable, más limpio y más seguro”, y lo aterrizan en cuatro grandes segmentos:

  1. Life Sciences Solutions
  2. Analytical Instruments
  3. Specialty Diagnostics
  4. Laboratory Products & Biopharma Services.

Thermo Fisher está presente en casi todos los puntos críticos: en el laboratorio académico que hace ciencia básica... en la biotech que está optimizando un anticuerpo en la farmacéutica que escala fabricación... en el hospital que hace diagnóstico molecular... y en la industria alimentaria o medioambiental que analiza muestras a diario.

Vende equipos de secuenciación, espectrómetros de masas, cromatógrafos, microscopios, pero también kits de diagnóstico, medios de cultivo, plásticos, pipetas, cámaras de ultracongelación, sistemas de almacenamiento y los servicios para que todo eso funcione de forma fiable.

Esa presencia transversal se traduce en un modelo económico con mucha inercia.

Primero, una base instalada gigantesca de equipos: cada secuenciador, cada plataforma de diagnóstico, cada cromatógrafo que coloca en el mercado se convierte en un “ancla” para años de consumibles asociados. Los reactivos, columnas, cartuchos, medios y plásticos no son un accesorio: son el verdadero flujo recurrente. A eso se suman servicios de mantenimiento, calibración, validación regulatoria y formación, que tienden a renovarse porque al cliente le interesa mantener la trazabilidad y la compatibilidad con auditorías y reguladores.

Además, Thermo Fisher ha extendido esa lógica al terreno de los servicios biofarmacéuticos. Con Patheon y PPD ofrece fabricación por contrato y servicios de ensayos clínicos, de modo que puede acompañar a un cliente desde las primeras fases de desarrollo hasta la producción a escala y la evidencia clínica. Eso crea una relación de largo plazo difícil de replicar: el mismo grupo que te vende equipos y reactivos puede también diseñar y ejecutar parte de tu cadena de valor regulada.

Cambiar a mitad de camino no es una decisión táctica, es una reconfiguración estratégica con riesgo de retrasar lanzamientos y complicar el diálogo con la FDA o la EMA.

La compra de la unidad de filtración y purificación de Solventum encaja exactamente en este guion: refuerza su oferta de bioprocesado en el punto donde las barreras de salida son más altas (procesos validados para fabricar biológicos) y la sensibilidad al precio unitario es menor que la sensibilidad al riesgo de fallo. Es una forma explícita de acercarse al terreno donde Danaher es fortísimo y de cerrar el círculo: equipos, consumibles y servicios en los cuellos de botella clave de la fabricación biofarmacéutica.

Y al igual que pasa con Danaher, la digitalización y la IA suponen claramente un viento de cola.

Cuanto más se automatizan los laboratorios, más se integran los instrumentos con software propio y más se explota el dato generado por esos equipos, más valor tiene un proveedor que controla tanto el hardware como el “cerebro” que lo coordina.

ThermoFisher es, cada vez más, la infraestructura tecnológica sobre la que se apoyan los flujos de trabajo, la trazabilidad y el análisis en buena parte del ecosistema de ciencias de la vida.

IA y salud: por qué estos dos son “picks & shovels” del futuro

Empecemos por lo básico: sin datos de calidad no hay IA útil.

Un modelo que pretende predecir respuesta a un fármaco necesita tejidos bien procesados, secuencias fiables, proteómica consistente, ensayos validados. Cada una de esas capas depende de equipos de laboratorio, reactivos, medios de cultivo, filtros, cartuchos, sistemas de almacenamiento y trazabilidad.

Es decir: depende, muy a menudo, de catálogos como los de Danaher y ThermoFisher.

Si miramos la cadena de valor punto por punto, la lógica es bastante clara.

Primero, el diagnóstico

IA = diagnósticos más precoces, más finos y más rápidos.

Traducido a operaciones, eso significa más pruebas por paciente, más volumen por laboratorio y más presión para que los resultados sean reproducibles. Cuando se personalizan tratamientos oncológicos o inmunológicos, se pasa de hacer un par de pruebas genéricas a una batería de test específicos. La IA no sustituye esas pruebas... las demanda. El radiólogo o el clínico apoyado por IA no deja de medir, mide más y con más capas. Y, detrás de ese más, hay más máquinas y consumibles.

Segundo, el descubrimiento y diseño de fármacos

Los modelos generativos y de predicción estructural aceleran el dibujo de moléculas prometedoras, pero del papel a la realidad hay un tramo largo: es necesario sintetizarlas, probarlas en células, caracterizarlas en ensayos bioquímicos, evaluar toxicidad, optimizar formulaciones, escalar procesos.

Cada iteración de IA que genera diez candidatos razonables exige más ciclos de experimentación húmeda: más secuenciación, más ensayos de expresión, más proteómica, más análisis de binding, más bioprocesado piloto.

Justo los territorios donde Danaher y Thermo Fisher son dominantes con sus biorreactores, columnas de purificación, plataformas de análisis y soluciones de laboratorio. Si la IA hace más barato pensar moléculas, la restricción se desplaza a la capacidad de testarlas y fabricarlas. Y esa capacidad la venden, en buena medida, ellos.

Tercero, los ensayos clínicos y la fabricación regulada

La promesa de la IA aquí es diseñar estudios más eficientes: mejor selección de pacientes, endpoints más inteligentes, análisis interinos más sofisticados.

Para que eso funcione en la práctica necesitas biomarcadores bien medidos, muestras bien procesadas, laboratorios que puedan manejar volúmenes grandes de análisis con trazabilidad perfecta, cadenas de suministro de kits y reactivos que no fallen.

De nuevo, el efecto no es “menos laboratorio”, sino “laboratorio más exigente y más denso en datos por paciente”.

La parte que a veces se malinterpreta es el impacto sobre márgenes en la cadena. Es cierto que la IA puede presionar precios en servicios más comoditizados: lectura básica de imagen, ciertos análisis rutinarios, reporting estándar. Pero el peso económico del diagnóstico y de la fabricación compleja no se reduce, se desplaza hacia productos y procesos de mayor valor añadido. Un hospital puede ahorrar tiempo de radiólogo, pero no va a escatimar en calibración de equipos, calidad de reactivos o redundancia en test críticos si eso le da seguridad clínica y reduce riesgos legales. Una farmacéutica puede abaratar parte de su screening in silico, pero no va a comprometer el bioprocesado o el control de calidad en planta para ahorrar unos puntos básicos en capex.

Por eso, a medio plazo, el escenario más razonable no es uno donde la IA se come el negocio de Danaher y Thermo Fisher, sino uno donde amplifica su papel.

Dicho de forma simple: la IA puede reordenar quién captura cuánto valor en sanidad, pero difícilmente va a reducir la necesidad de medir mejor, caracterizar más y fabricar con más control. Y en esa agenda (más pruebas, más capas de análisis, más exigencia en procesos) Danaher y Thermo Fisher están posicionados en la parte de la curva donde sube el volumen y sube la sofisticación.

Conclusión: por qué nos importa como asset allocators de largo plazo

Queda bastante claro que el sector Healthcare tiene vientos de cola evidentes: envejecimiento, presión de gasto, cronicidad, necesidad de eficiencia y, ahora, una ola de IA que empuja a medir y analizar mucho más de lo que medíamos antes.

Desde esta perspectiva, Danaher y ThermoFisher representan, a nuestro juicio, una forma limpia de estar expuesto al crecimiento del sistema de forma bastante predecible y sin riesgo de nueva competencia.

Son apuestas claras a años vista. Negocios de calidad, con barreras de entrada altas, flujos recurrentes y un papel muy difícil de desintermediar en el sistema sanitario global.

Si asumimos que en 10-15 años seguiremos gastando más en salud, necesitaremos más diagnóstico, más biológicos y más datos para alimentar modelos de IA… la lógica de fondo es sencilla: alguien tendrá que vender las herramientas, consumibles y servicios que hacen todo eso posible.

Y Danaher y Thermo Fisher son los candidatos claros a seguir cobrando ese peaje.